Como habitantes de un conjunto cerrado, estamos llamados a cohibirnos de muchas cosas: tenemos horarios para hacer arreglos domésticos; no podemos taladrar una pared a la hora que queramos; debemos controlar el volumen de nuestros radios y televisores y, si queremos hacer una fiesta, debemos irnos a otro sitio, todo porque sabemos que, cuando vivimos en comunidad, el silencio debe ser parte fundamental de nuestro comportamiento.
Entonces, ¿por qué permitirles a ellos, lo que nosotros no hacemos?
Las mascotas se han convertido, en la sociedad posmoderna, en miembros clave de la familia. La sociedad incluso, ha tenido que legislar en torno a ellas. En algunos países la reglamentación sobre los animales es bastante estricta y obliga a sus tenedores a guardar normas de protección animal.
Aunque en Colombia ello todavía no existe, es de común sentido que los animales deben ser protegidos y ello implica amarlos, alimentarlos, cuidarlos, protegerlos. Pero también implica que las mascotas sean sólo de sus propietarios y que el vecindario no reciba perjuicios a causa de ellos.
Emprendamos, entre todos, una campaña referente a las mascotas, que incluya además el bienestar de los vecinos.
Por eso los llamamos a tener en cuenta al tener animales, que ellos no deben salir a pasear solos, que sus excrementos deben ser recogidos y que sus ruidos no deben perturbar la tranquilidad del vecindario. La agresividad de los perros también debe ser controlada.
Recuerden que los perros de raza pequeña se estresan con facilidad y que por ello no deben permanecer solos en casa pues, su constante llanto afecta a los residentes del Edificio. También son una molestia, aquellas mascotas que, paradas en las ventanas, alteran el ambiente colectivo con sus ladridos, en el día o en la noche, como se observa en los vídeos anexos, correspondientes a la misma mascota.
Esperamos que estas reflexiones sirvan, para hacer entre todos una mejor edificio.
LA CONVIVENCIA, UN ASUNTO DE CONCIENCIA
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